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Sin embargo, dominar el tiempo sigue siendo un dilema. He tratado de imaginarme cómo sería el mundo sin relojes, si todos nos dejáramos llevar por los instintos he hiciéramos las cosas por impulso en los momentos que realmente sentimos que debemos hacerlas. También he tratado de imaginarme cómo sería el mundo si cada persona trabajara en aquello que le apasiona, porque, seamos honestos, la gran mayoría cumple sus 8 horas mirando el reloj para salir huyendo.
Creo que vivimos a destiempo obligándonos a hacer cosas en el momento equivocado. Aquello de ”estaba en el lugar correcto en el momento correcto” es un tema a investigar. ¿Cómo saber cuándo es el momento correcto y el lugar correcto?
¿Por qué hay momentos y lugares correctos y otros equivocados? ¿Qué es lo que encaja tan perfectamente que hace que las cosas se concreten o se diluyan en la nada? Ojalá pudieramos saberlo... hmmm, pero se perdería el misterio y a lo mejor sería aburridísimo.
Cuando llegó el momento de distribuir esta revista la frustración fue completa. Pasé 22 días en Barcelona hablando por teléfono, visitando distribuidores y editoriales, discutiendo con seres inabordables o burócratas disconformes con su vida, sin lograr dar un solo paso adelante para resolver el tema. Volví a Suecia abatida y decepcionada sin saber qué hacer con mi proyecto. Me quedé quieta esperando sin saber muy bien lo que esperaba. Un día entré en un café y allí sobreuna mesa encontré una revista muy especial, el proyecto bien logrado de algún diseñador danés. Lo primero que leí cuando la abrí fue ”esta revista se distribuye gratuitamente en lugares selectos”. Esto! - me dije, esto es lo que voy a hacer! La nube kafkiana que me
había envuelto en Barcelona de pronto desapareció. De ahí en adelante las cosas fueron saliendo sin grandes contratiempos. Imprimirla primero en Montevideo fue todo un acierto. La imprenta funcionó a la perfección. Mi familia y mis amigos se sumaron a mi sueño con toda la pasión característica de los habitantes del sur y el verano acompañó con su ritmo febril a repartir por todas partes el número uno de ”Formas”. La lista de destinatarios en cada país fue cuidadosamente seleccionada. Cadetes locales se encargaron de llevarlas. Muchas otras se perdieron en el anonimato, pero nada se pierde en el universo! En alguna parte del planeta alguien las está leyendo.
Y misteriosamente, casi sin darme cuenta, estoy aquí otra vez, armando y desarmando, para llegar a tiempo con el segundo número de Formas.
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